A menudo echo la vista atrás… y no puedo evitar que invadan mi mente los gloriosos recuerdos de aquellos años en que los videojuegos eran “mágicos, sorprendentes y alucinantes”.
Viajemos unos minutos al año 1991… aún no hacía un año que la consola del momento, con un retraso de 2 años respecto a su lanzamiento en Japón, había aterrizado por fin en territorio europeo en la “querida” y “apreciada” versión PAL: la Mega Drive de Sega 

Entre la primera hornada de lanzamientos para la fabulosa máquina negra de Sega, había uno que, al menos para mí, siempre ha sido uno de los títulos más emblemáticos y geniales de todo el catálogo de la Mega Drive: Super Hang-On, otra obra maestra del genial e irrepetible Yu Suzuki (ahí es nada). Este juego fabuloso, nos permite  subirnos a lomos de una rapidísima bestia de dos ruedas para recorrer a toda pastilla las carreteras y lugares de cuatro coloridos continentes: África, Asia, América y Europa. Enfúndate el mono, ponte los guantes y ajusta bien el casco. El asfalto y tus rivales están ya a la espera. Nos vamos…  

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Super Hang-On fue, desde siempre, sinónimo de velocidad, derrapes y habilidad, pero sobretodo y más que nada, diversión. Esta reedición para consola doméstica del aclamado arcade de una Sega que bordaba todo lo que tocaba en aquellos años, acompañó a la Mega Drive desde sus inicios en un port casi perfecto de lo que era la recreativa en los salones de juego: gráficos soberbios y coloridos, sprites enormes y una gran sensación de velocidad mientras te divertías de lo lindo pilotando por carreteras de todo el mundo plagadas de moteros locos al ritmo de una de las mejores bandas sonoras que pueda soñar un videojuego. Todo eso, y más, era lo que la Mega Drive podía ofrecerte en una clara muestra del potencial que atesoraba la nueva máquina de 16 bits de Sega. ¿Demasiado bonito para ser cierto? Podría haber sido todo humo, claro. Pero lo cierto es que tanto el juego como la consola ofrecieron aquel genial cóctel maestro con gran acierto (así les fueron las ventas en Europa y EEUU), y así, el afortunado poseedor de una Mega Drive, pudo disfrutar en aquellos años desde el salón de su casa o desde su habitación, de lo que era tener un juego de recreativa en casa prácticamente “pixel perfect”. 

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1. Parrilla de salida del circuito de África, con las montañas de arena al fondo. 

Admitámoslo amantes de lo retro, indistintamente de si a uno le gusta más Sega que Nintendo o viceversa (la eterna dicotomía): Super Hang-On nos dejó boquiabiertos a toda aquella generación que tuvimos la suerte de vivirla. Ya no era sólo por sus gráficos (que también), por la sensación de velocidad y fluidez general del juego, por la música (bendita banda sonora), por lo puñeteros que podían llegar a ser los clónicos motoristas que te ibas encontrando en la carretera y que te hacían la vida imposible cuando ibas a adelantarlos, o por el simple hecho de que una consola doméstica era capaz de coger un juego de recreativa y traértelo prácticamente idéntico al salón de tu casa. Como ya he dicho antes, la cualidad que sobresale de este juego fue y ha sido siempre la DIVERSIÓN. Da igual que te pongas a los mandos de nuestra moto favorita por primera vez, como si te lo has fundido ya mil veces. Como buen arcade que es de la Sega de aquellos años dorados, este juego es pura diversión desde que el semáforo te da la salida. En cuanto empiezas a acelerar y trazar las primeras curvas del primer sector de arena amarillenta de África, ya es tarde para dar marcha atrás: el juego ya te ha atrapado en su vorágine de velocidad, curvas y rivales que adelantar uno tras otro. Tan simple y tan directo. Recordad, y así de paso hacer saber a los más jóvenes, lo que supuso el Super Hang-On para la época: un verdadero bombazo por el que más de uno habría vendido su alma a algún motero satánico con los brazos cubiertos de macarras tatuajes por poder disfrutar de este genial videojuego corriendo por los circuitos de su flamante Mega Drive de 16 bits y ser la envidia de todos sus amigos. Aquella época no era como la de estos días no…  

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2. Una de las “sorpresas” del juego: el turbo hacía escupir llamas de los escapes. 

Los escenarios de cada uno de los cuatro continentes por donde pasas todo fundido cual Mick Doohan con su moto, con el cuentakilómetros de la parte superior derecha parpadeando en rojo marcando los 280 km/h, aunque en general están un poco vacíos, tenían y siguen teniendo un gran encanto visual, ofreciendo un gran colorido en pantalla, aprovechando muy bien la escasa paleta de 512 colores de la Mega Drive. Hay que ir con cuidado con los diversos obstáculos a ambos lados de la carretera, colocados ahí con toda la buena fe de los chicos de Sega, para así hacer pagar caro al jugador poco habilidoso su error, dando con tus huesos contra el suelo y con la moto dando varias espectaculares vueltas de campana mientras los rivales pasan como estelas fugaces zumbando como alma que lleva el diablo con los motores rugiendo al máximo, todo ello coronado con los bellos y encantadores gráficos de fondo que nos esperan en el horizonte y que van cambiando a medida que avanzas por los sectores, checkpoint tras checkpoint: las montañas desiertas de África, lo montes nevados de Asia, las costas de California, el desierto del Gran Cañón de Colorado, o la mismísima Torre Eiffel de París en el complicado circuito de Europa. Sinceramente, para ser un juego de los ’80 y de primera hornada de una por aquel entonces joven Mega Drive, los gráficos son toda una delicia que a día de hoy siguen manteniendo su encanto y no han envejecido nada mal, no como otros videojuegos de la época. 

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3. Indudablemente, los paisajes que coronan el horizonte tienen un gran encanto. 

Y como buen representante del género arcade, y uno de los grandes de Sega, Super Hang-On es muy divertido pero a la vez muy exigente con los jugadores. Bajo mi punto de vista, es el gran acierto de este juego y la razón de que a día de hoy sea recordado con tanto cariño y que aún te haga dejar aparcada tu flamante Xbox One para echar unas carreritas pixeladas: el equilibrio existente, y del que hace gala orgullosamente, entre diversión instantánea y dificultad para completar cada uno de los cuatro continentes. Simplemente es genial. El control de la moto con el pad de la Mega Drive, aunque no se puede comparar con el del mueble arcade, el cual tenía plantada una moto enfrente de la pantalla (muy al espectacular estilo de Sega), está bastante conseguido y, aunque al principio parece que cuesta un poco hacerse con él, rápidamente te adaptas y fácilmente vas a todo lo que da la moto: diversión instantánea. Pero no basta solo con eso, no. Los rivales que te van saliendo al paso, no están ahí como simples objetos inertes a los que adelantar: se mueven, cambian de carril, e incluso se ponen delante de ti para obstaculizarte el paso. En los primeros sectores suele ser algo sutil, y como quien no quiere la cosa, se mueven, que tú te dices: “¿se ha movido y se ha tirado sobre mí?”, para en los siguientes sectores hacerlo ya descaradamente cual bellaco traidor, poniéndose delante de ti en plena curva, obligándote a sacar tus mejores dotes de piloto para frenar, esquivarlo y seguir por el asfalto y no salirte de la carretera. Y en más de una ocasión no serán uno sino dos o incluso tres, los motoristas kamikazes que intentarán que le des un beso al asfalto. Ahí tenemos la dificultad para completar los circuitos. Es más, y para ponerte las cosas un poco más complicaditas todavía, el tiempo entre checkpoints está ajustado, muy ajustado. En el momento en que te estampas con tu moto contra un arbusto, un enorme tucán convertido en pancarta propagandística, un barril, una farola, un cactus, etc…prácticamente la llevas clara para llegar al siguiente checkpoint y es muy probable que no lo consigas. Es exigente y no permite el menor fallo si quieres llegar al checkpoint antes de que el tiempo acabe. Pero, y ahí viene lo mejor, lejos de ser frustrante y hacerte desear dejar el juego y no jugarlo más, lo cierto es que es divertido y te lo has pasado en grande: ¡quieres más! La curva de aprendizaje está muy bien conseguida, ya que al tiempo que vas perfeccionando tu técnica de juego, porque el propio juego te obliga a ser habilidoso y de reflejos rápidos, estás disfrutando como un crío, totalmente ajeno a lo que te rodea: tu moto, la carretera, los rivales y la genial banda sonora retumbando en tus oídos. La inmersión en el juego es total. Es imposible apartar la vista de la pantalla una vez la carrera ha comenzado. 

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4. La gran variedad de paisajes en el horizonte le hacen mucho bien al juego, visualmente hablando. 

Y qué decir de la banda sonora…venga, sinceramente creo que pocos juegos pueden presumir de tanta calidad con tan poca cantidad. Cuatro canciones. Cuatro temas inolvidables. Cuatro genialidades que te acompañan y arropan los oídos de forma magistral mientras enlazas curva tras curva, adelantando sin parar a los rivales, sin prestar atención a lo que te rodea. Los temas, compuestos por Katsuhiro Hayashi y Kouichi Namiki, son los siguientes: Outride a Crisis”, “Sprinter”, “Winning Run” y “Hard Road”. Al igual que en Out Run, eliges uno a tu gusto antes de comenzar la carrera y ya sólo te queda disfrutar de los mágicos acordes sintetizados por el mítico chip de sonido de la Mega Drive resonando en los altavoces, acompañando soberbiamente la acción que te llega por el asfalto una vez el semáforo se ha puesto en verde. Lo dicho, una gozada. Es realmente elogiable que con tan sólo cuatro canciones se consiguiera la calidad alcanzada. Chapó. Cada vez que me conecto la Mega Drive, pongo el Super Hang-On y vuelven a sonar las notas de “Winning Run” junto a los rugidos de las motos, es que me embarga la emoción…llamadme lo que queráis, pero es que me toca la fibra sensible jajajaja.  

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5. Que en aquella época la Torre Eiffel apareciese al fondo era un “Que pasada”. 

Pero hay más aún: el cartucho para la Mega Drive traía consigo un “modo historia”, por llamarlo de algún modo. Aunque no es un modo tan divertido y directo como el modo arcade, realmente no está nada mal. En este modo te enfrentas a siete diferentes oponentes, corriendo en series de nueve carreras contra cada oponente. Cierto es que las primeras carreras resultan un poco frustrantes y menos divertidas que el modo arcade: la moto no corre, le cuesta acelerar que no veas y apenas es tan buena trazando curvas como yo jugando al tenis, es decir, malo no, lo de después. Uno de los grandes atractivos de este modo es que tienes que ganar créditos para invertir en tu moto y hacerla más competitiva: chasis, ruedas, motor, escapes…y para ello tienes también a tu mecánico y a tu sponsor para ayudarte a mejorar la moto hasta hacerla una bestia parda con la que poder retar al más rápido de tus rivales. Además, y previo pago de una cantidad de créditos, puedes cambiar de mecánico y disponer de los servicios de uno mejor, así como de tu sponsor, lo que te permite obtener mayores ingresos con cada carrera. Indudablemente, con este modo la vida del juego se alarga todavía más y ofrece otro reto diferente al jugador. Hoy en día no sorprende, pero en aquellos años poder tener un modo de juego en el que ir mejorando las prestaciones mediante la adquisición de piezas nuevas, y poder ir cambiando de mecánicos o de sponsors era un gran aliciente que hacía al juego mucho más interesante. Pero una cosa queda clara: el modo estrella de este juego es y será el modo arcade, directo y con grandes dosis de diversión.  

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6. Super Hang-On, uno de los grandes clásicos de la mítica Sega. Se la echa de menos hoy en día. 

Si alguno de los que estáis leyendo esta humilde opinión de un servidor, es un insensato y no ha probado todavía lo que es el Super Hang-On, recomiendo encarecidamente que lo probéis. Dadle una oportunidad. Solo una. Seguro, pero seguro, que no os dejará indiferentes. Probad a pasaros así de primeras el circuito para principiantes, el continente de África, y luego hablamos.  

Y ya para poner fin, decir que el juego enganchaba en su día que a día de hoy te sigue enganchando porque ofrece un reto constante al jugador. Aunque te sepas los circuitos al dedillo, nunca habrá dos partidas iguales. Y eso, señores, es una auténtica gozada. Diversión, dificultad y velocidad inmediatas: no hace falta nada más para pasar un buen rato rememorando aquellas felices tardes de nuestra infancia.  

 

Seguid el enlace que os facilito aquí abajo para ver un video del Super Hang-On en movimiento: 

¡Hasta la próxima, amantes de lo retro! 

Toni Benavent

RetroGamer empedernit hahahaha. Fa falta dir alguna cosa més?

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