¡Holaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Que hay de nuevo por aquí, compañeros y compañeras? Bueno, antes que nada deseo felicitaros este nuevo año 2016 y desearos lo mejor. Y ya que acabamos de estrenar este 2016, en plena época de las Xbox One, Play Station 4 y PC Gamer y con las aún coleantes Xbox 360 y Play Station 3, he querido hablaros sobre las máquinas arcade que reinaban sin discusión alguna en el mundo del videojuego allá por las décadas de los 80 y 90. Echamos cinco duros a nuestra retro-máquina del tiempo y viajamos a una época irrepetible…

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Nos hallamos en los primeros compases de la década de los 90. Somos unos chiquillos de unos 10 años (año arriba año abajo), en la plena infancia. Acaba de sonar el timbre de la escuela. Son las cinco de la tarde. Recogemos a toda prisa nuestros libros de la extinta EGB, libretas y demás material escolar. Oculta entre los libros, tienes el último número de la Hobby Consolas o la SuperJuegos, las novedosas revistas dedicadas exclusivamente a los videojuegos de consola y que ya te la has leído y repasado varias veces, mirando asombrado las fotos de los pantallazos de los videojuegos. Atrás queda el verano y el día se acorta y se hace más pronto de noche. Pero no por eso recoges como si se acabara el mundo (venga va, y porque ganas de acabar las clases no faltaban ya XD). Entre otras cosas, porque en un rato echan por la tele un nuevo capítulo de tu serie favorita (bueno, por aquel entonces, la favorita de la gran mayoría): Dragon Ball. No quieres faltar a la cita y, con la merienda en mano, lo que quieres es acompañar a Goku en su búsqueda de las bolas mágicas a bordo de su nube Kinton. Sales como una bala del colegio y, sin embargo, sabes que antes de llegar a casa has de hacer una parada en el camino. No hace mucho, mira por donde, has descubierto una cosa que se llaman “recreativos”. Recreativos, salón arcade… da igual. Sabes que es un lugar en donde hay unas llamativas máquinas en cuyo interior se alberga la tecnología más puntera e inalcanzable del momento dedicada exclusivamente a aquello que tanto te fascina y te asombra: videojuegos.

ambientazo-increible-el-segundo-torneo-organi-L-HqXvAnQue imagen tan entrañable. Esto era lo normal en nuestra época

Tanto si te pilla de camino a casa, como si no, haces caso omiso a las órdenes de tu madre: No quiero que vayas a los recreativos. Ojito que no te vea por allí. Como me entere que has entrado, te vas a enterar. Ni recreativos, ni recreativas (típico de las madres y las abuelas, ¿eh?) En el momento te intimida, pero por una oreja te entra y por la otra te sale tan pronto como vuelves a abrir la revista. Precisamente gracias a la revista, has podido saber que ese Magician Lord o un tal Fatal Fury, de gráficos tan bestiales e inigualables que tanto te han impresionado, no son de una SuperNintendo o una Mega Drive: son de Neo Geo, la recreativa para el hogar cuyo precio de adquisición está a años luz del bolsillo de tus padres. Sólo tienes un modo posible para poder jugarlos y formar parte de esos fantásticos mundos de ficción pixelada: los recreativos. ¡Por el amor de dios! ¡Quieres saber lo que es jugar a ese videojuego superior! Están en la inalcanzable cima del universo videojueguil de la época. Es como un potente imán. Oyes como una llamada de fuerza arrebatadora que te atrae irremediablemente hacia sí, atacando directamente sin compasión a tu curiosidad y tus ganas de jugar. Sientes un deseo irrefrenable de ir a aquel sitio. No lo puedes evitar. Y no nos engañemos: ¡es que tampoco quieres evitarlo! Sabes de sobra que si te pillan por allí es más que probable que te castiguen, al fin y al cabo, aún tienes alrededor de 10 años o ni tan siquiera eso. Pero te da igual. Quieres ir. Necesitas ir. Y por tanto, arriesgas. Y más pronto que tarde te hallas a la entrada de los recreativos. Ya desde fuera puedes oír las explosiones, rugidos, gritos y melodías que emanan atronadoramente de los increíbles juegos que corren por los circuitos de aquellas impresionantes máquinas que, por cierto, son bastante más grandes que tú. Una última mirada a tu alrededor por si las moscas. No hay moros en la costa. Bien. Con una extraña y enigmática sensación de alegría corriendo por tu cuerpo, como si de un lugar mágico se tratara, cruzas el umbral de la entrada cual Indiana Jones al descubrir una tumba secreta y accedes a los recreativos abarrotados de gente. Extasiado, notas que estás como si flotaras. Que juegos tan alucinantes. Jamás podré tener algo similar en casa, ni siquiera algo capaz de hacerle sombra. ¿Habrán puesto alguna nueva máquina?  ¿Aquel que he visto en la Hobby Consolas quizás? Por cierto, ¿seguirá por aquí aquel impresionante juego de aviones y su cabina rotatoria? ¿Cómo se llamaba? Ah sí, After Burner. ¡Allí está! Genial. Y a su lado, el Out Run sigue en su sitio, tras el volante, el asiento, los pedales y la palanca de cambio… uff, conducir un Testarrossa descapotable a toda velocidad con una rubia desmelenada al lado es lo más. ¿Cuanto costará tener uno de esos en casa? Mejor ni lo pienso. No puedes contenerte ni un segundo más. Coges los 20 duros que le has birlado a tu madre o a tu abuela (todos lo hemos hecho, y lo sabéis jajajaja), te diriges al tío que hay tras la barra y coges cambio. Tengo para cuatro partidas… y en menos de diez minutos te has pulido los 20 duros. Desolado y con ganas de más, de mucho más, te quedas mirando con tristeza la pantalla mientras un contador regresivo descuenta los segundos al lado del careto destrozado de Ken, suplicando que continúes la batalla. Otro día será compañero. No te queda más que recoger y marcharte a casa, no sea que tu madre empiece a sospechar y te arme la marimorena. Además, hay otro imán que también te atrae con muchísima fuerza: van a echar el capítulo de Dragon Ball por la tele. Y mientras el sol se pone por el oeste tiñiendo de tonos anaranjados el fresco cielo otoñal, te marchas de aquel increíble sitio con la certeza de que podrías pulirte mucha más pasta de la que te has pulido en apenas 10 minutos. Es que son tan increíbles e inalcanzables estos videojuegos… en fin, me conformaré con la Game Boy. Físicamente te marchas de allí, pero tu mente y tu corazón permanecen en el salón arcade, reviviendo una y otra vez aquellos momentos increíbles. Volveré

OutRun-zona-zhero-2Ufff…aún la veo y me viene a la memoria la primera vez que la vi ante mí. No salía de mi asombro.

Bueno, creo que he descrito bastante bien lo que nos sucedía cuando íbamos “de estrangis” a los salones arcade en nuestra infancia, ¿verdad? Y es que, queridos compañeros, bien es sabido que el aura, las sensaciones y las emociones que desprendían los salones recreativos en su época fue algo que muy dificilmente podrá igualarse en el mundo de los videojuegos. Básicamente, porque era otra época: la tecnología era muy cara tanto de comprar como de producir, por lo que era imposible poder disponer de aquellos videojuegos en casa, ni soñándolo. Y por si fuera poco, la desinformación que había entorno al mundo de los videojuegos en general y especialmente de los videojuegos arcade en particular, hacía que cada vez que entrabas a unos recreativos no podías evitar sentirte como un explorador que descubría nuevos y fabulosos hallazgos de los que nada habías oído hablar y que los veías por primera vez cuando los tenías delante: abosorto, impactado, maravillado… Así es como te sentías cada vez que te hallabas ante una nueva creación arcade. ¿Me equivoco? Seguro que no. Aquello era, literalmente, ir a descubrir nuevos videojuegos: no había medios que informaran sobre los nuevos lanzamientos arcade o que hablaran de qué recreativas estaban partiendo la pana. Resultado: impactado, anonadado, emocionado, flipado… Llámalo como quieras, el caso es que esta forma de proceder hizo que algunos o muchos de aquellos momentos de “revelación” se quedaran grabados en tu mente y en tu corazón en forma de grandiosos y gratos recuerdos imborrables. ¿Quién no recuerda el estar en otro pueblo o ciudad, ver unos recreativos y sentir la ansiosa necesidad de entrar allí a ver que te encontrabas? ¿No? Creo que no me equivoco si digo que no fui el único que lo sintió, ¿verdad? ¡Si es que realmente era una sensación indescriptible! Encontrar un salón arcade en otra ciudad o pueblo que no eran los tuyos y entrar, era prácticamente como si hubiéramos encontrado la cueva de las maravillas. Tenías la urgente necesidad de entrar y explorar las “desconocidas maravillas pixeladas” que habitaban en aquel lugar cargado de magia. ¡Quién sabía qué o cuantas máquinas había allí dentro esperándote! Indudablemente, aquellas sensaciones y aquellos recuerdos tan especiales son celosamente guardados por los que vivimos aquellos años. Irrepetible.

maxresdefaultEl mítico After Burner. Acceder a esta cabina era como viajar al futuro. Impresionante, Sega. Chapó.

Los videojuegos arcade eran la cima en aquella época. Desde sus inicios y durante al menos dos décadas (ahí es nada), el techo tecnológico de los videojuegos siempre habían sido las máquinas arcade. Los sistemas domésticos no podían ni hacerles sombra: gráficos detallados, coloridos sublimes, sprites enormes, personajes grandes y muy cuidados, rapidez, fluidez, acabado general… Indudablemente, los videojuegos arcade estaban no uno, sino dos o más escalones por encima de lo que podían ofrecerte una Nes, Master System, Super Nintendo, Mega Drive, PC-Engine, Game Boy… Es cierto, que con la llegada de las 16 Bits la distancia se redujo muy considerablemente, y tanto la Mega Drive como la Super Nintendo ya ofrecían experiencias cercanas o similares a lo que una máquina arcade podía ofrecerte: repartir leña en el sobresaliente Street Fighter II insertado en tu Super Nintendo, limpiar las calles de malhechores en la portentosa saga de Streets of Rage de la Mega Drive, sumergirte en el bárbaro universo del Golden Axe, también de la 16 Bits de Sega, o flipar con otros tantos juegos de la talla de Super Mario World, Sonic, Gunstar Heroes, Axelay, Donkey Kong Country, Thunderforce IV… Son sólo unos pocos ejemplos de como las 16 Bits dieron un buen bocado a la distancia que siempre había separado a los videojuegos arcade de los videojuegos domésticos. Y no olvidarse de los excelentes ports de las Coin-Up que aterrizaron en una gran aunque sorprendente desconocida: la PC-Engine (Turbografx para los de aquí). Realmente sorprendente que ésta consola de 8 Bits y chip gráfico (GPU) de 16 Bits tuviese esa facilidad para portear juegos de sistemas tan superiores a ella. Pero aún así, la distancia era todavía considerable. Las 16 bits no eran rivales de los sistemas arcade. No podían serlo, pues eran inferiores tecnológica y potencialmente: el conjunto de ése músculo gráfico, de esa fluidez y jugabilidad asombrosa y de esos sonidos bestiales siempre fueron terreno vedado para las consolas domésticas. Y sin embargo, lo mucho que significaba tener una Mega Drive o una Super Nintendo en casa, ¿cierto? Piénsalo unos momentos: si una 16 Bits doméstica ya era lo más de lo más y cualquier niño, adolescente o adulto practicamente no podía aspirar a más (el precio de la Neo Geo y sus juegos la hacían inalcanzable para casi todos), resulta que aquel estatus de poderío tecnológico en tu salón o habitación, curiosamente también servía para acrecentar aún más el aura de magia y exclusividad de una máquina arcade: sabías que seguían siendo superiores a lo que tenías en casa.

placa-neogeo-mvsUna de las culpables de la egemonía arcade. Bendita placa SNK.

Que grandes recuerdos, compañeros y compañeras. Pero sobretodo, que grandes títulos y juegazos que había en los recreativos. Aquella imposibilidad de tener en casa cualquiera de aquellos juegos contribuyó más que notablemente a que amaras irremediablemente aquellos juegos. Podría estar horas enumerando juegos y sagas que nacieron y se hicieron míticos en los salones arcade, ¿verdad? The King of Fighters, Samurai Shodown, Street Fighter, Metal Slug, Street Hoop, Tortugas Ninja, Capitain Commando, Bubble Bobble, Bomberman, Aero Fighters, Last Blade, Blazing Stars, Dungeons & Dragons, Out Run, Snow Bros, After Burner, Neo Drift Out, Neo Turf Masters, The House of the Death, Sega Rally, Super Side Kicks, Super Pang, Tumblepop, Strider, The Punisher, Daytona USA, Tekken, Crazy Taxi, 24 Horas de Suzuka… Son sólo algunos de los más conocidos, pero es que hay un montonazo de juegos que es imposible enumerarlos todos aquí, alargando la lista de juegos arcade hasta hacerla imposible de igualar por cualquier sistema de videojuegos de cualquier época. Son bastante más de 3000 títulos los que se llegaron a hacer para los salones arcade (entre todas las compañías, claro). Vale que hay juegos que son difíciles de emular incluso hoy en día, por unas causas u otras, pero es que aún dejando de lado estos juegos más avanzados que no van fluidos o requieren de un equipo potente para hacerlos correr, la lista de juegos disponibles en 2D es interminable. Miles de juegos. Visualízalo en toda su amplitud. Miles de juegos. Se dice pronto, pero es un número muuuuuuy amplio en donde poder escoger a que vas a jugar.

140517105126900128Los gráficos eran sublimes antes, y lo siguen siendo a día de hoy. Una obra de arte. Píxel Art en toda su expresión.

¿Que hubiéramos sido capaces de dar en aquella época por poder disponer de toda una máquina arcade para nuestro uso y disfrute personal? Sinceramente, no quiero ni pensarlo. Pensad por unos momentos, qué hubiera significado en aquella época el tener una de estas en tu propia casa, y poder decirles a tus colegas y conocidos: ¡Eh! ¡Pringaos! Que tengo la recreativa del Street Fighter II en mi habitación. Tooodita para mí. ¡La que se hubiera armado! Automáticamente nos hubiéramos convertido en el centro de las más dulces alabanzas y de las más oscuras envidias. Hablando en plata: el puto amo, ¿no? Aunque básicamente hubiera sido como tener un “Status: nivel Dios”.

Bueno, pues toda aquella magia y exclusividad empezó a venirse abajo con la llegada al mercado de las consolas de 32 bits, a mediados de los 90: Play Station, Sega Saturn y posteriormente la Nintendo 64 fueron las plataformas que enterraron el chollo y la exclusividad de los salones arcade. La potencia de la que hacían gala las nuevas máquinas permitió desarrollar juegos que poco o nada tenían que envidiar a lo que ofrecía una máquina arcade: conversiones prácticamente perfectas de lo que había en los salones recreativos comenzaron a aterrizar con inusitada fuerza en los hogares de los jugadores: Daytona USA, Sega Rally, Ridge Racer, Virtua Cop, Tekken… Ya no hacía falta dejarte la pasta en las máquinas arcade. ¡Lo tenías en tu propia casa! Eso sin mencionar los exclusivos para consola, como los Gran Turismo, Tomb Raider, Metal Gear, Crash Bandicoot, Ocarina of Time… Ese fue el principio de la rápida decadencia de las máquinas arcade. Aún así, los juegos más sublimes en 2D, como The King of Fighters ’95 o Street Fighter Alpha II por ejemplo, exigían a las máquinas de 32 bits dar lo máximo de sí mismas para poderlos correr sin problemas, y no fue hasta la generación siguiente, la de los 128 Bits, que las consolas domésticas no acabaron de ser lo realmente potentes para correr aquellos juegos tal cual una máquina arcade. De hecho, la versión de The King of Fighters’95 para la Saturn (la mejor consola de 32 Bits para gráficos en 2D) venía con un cartucho que expandía la memoria ram y así poder igualar la experiencia del juego al de la recreativa. Sorprendente, ¿no? Desde luego.

phdbrecres500gpnamcoDesde luego, sabían como llegar a nuestros corazoncitos.

Pero aunque las máquinas arcade dejaron de fabricarse y muchas compañías cerraron o se dedicaron en exclusiva a programar para los nuevos sistemas domésticos, esa mítica imagen de poderío, distinción y, porque no, nostalgia que siguen atesorando las máquinas arcade es insuperable e inigualable. Hace años que se cerraron los salones arcade (menos en Japón, allí siguen disfrutando de la afluencia de la gente), y sin embargo, el poder tener en tu hogar una máquina recreativa para tu uso personal sigue teniendo un enorme atractivo: bien por nostalgia, bien porque adoramos jugar en una máquina arcade sentados como antaño en un taburete alto cogidos a los joysticks y aporreando los botones, bien porque la experiencia de jugar a dobles con un amigo al lado a un Cadillacs & Dinosaurs, Windjammers o Street Fighter II es algo realmente satisfactorio, o bien porque la tecnología nos permite tener prácticamente todos aquellos juegos en un mismo disco duro a nuestra entera disposición, la verdad es que la experiencia que se vive al volver a jugar en una máquina arcade es algo indescriptible. Una pasada. Por mucha potencia que puedan tener los sistemas actuales, ese sabor añejo que se desprende al sentarte enfrente del monitor de la arcade y tener que echar créditos para poder jugar, o esa acción instantánea y brutal tan característica de estos videojuegos, o el poder girarte y hablar, reírte y discutir con el de al lado es algo que nunca podrán tener. Y además, no me digáis que no es un flipe que cada vez que entra un amigo o conocido en casa se quede mirando la máquina: ¿Eso es tuyo? ¡Que cabrón! ¡Una recreativa! Vamos a hechar unas partidas tio. Me encanta.

TMNTVIDEOEsta máquina marcó un época. Las cuatro Tortugas Ninja a la vez. ¿Como no caer rendido ante ella?

Afortunadamente, y ya para acabar, porque me he enrollado de lo lindo (no se nota que me gustan las máquinas arcade, ¿verdad?), y gracias a los avances en tecnología y al abaratamiento de la misma, han proliferado en los últimos años pequeñas empresas que se dedican a montar máquinas recreativas. Hay de diversos precios y tamaños, llegando a sobrepasar los mil euros las más curradas y brutales. Pero, no hace falta gastarse esa pasta para poder tener el gusto de tener una recreativa en casa, ya que puedes perfectamente pillarte una bartop, que es una máquina arcade pero sin pie de madera, justo la mitad de lo que viene siendo una máquina arcade clásica. Y eso es lo que yo hice, pillarme una bartop. Y aunque pueda parecer que les haga propaganda o trabaje con ellos XD (que ya aclaro que no), la verdad es que debo dar las gracias a los chicos que hicieron posible mi deseo y que voy a mencionar aquí: Creative Games. Una pequeña empresa catalana que hace un trabajo muy bueno y que te la entregan con un romset incluído que es muy completo. El precio no lo voy a decir (podéis buscar sus anuncios por internet), pero por menos de lo uno piensa, pude tener una máquina recreativa con miles de juegos arcade y además, con la posibilidad de jugar a tableros pinball gracias a los botones que hay en los laterales de la máquina. Preguntádselo a mi padre, que cuando vio que se podía jugar a pinball los ojos se le abrieron como platos. En serio tios, me quedé a cuadros. Venga va, ponme uno que voy a darle al flipper jajaja.

En fin, a continuación os dejo unas cuantas imágenes de mi querida y personalizada bartop con la que he podido revivir grandes momentos de mi infancia y juventud. Eso, y los piques que cogemos cada vez que viene algún amigo a casa y el disfrute que tienes al poder hacerlo, satisfecho no, lo siguiente. ¡Nos vemos!

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Espero que os gusten los vinilos que escogí tanto como a mí. La verdad es que me costó decidirme, pero personalmente quedé muy contento, pues el resultado esta muy guapo y en directo es una preciosidad.

Hasta luego.

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