Holaaaaaa, ¿como va todo por aquí? Supongo que muchos y muchas estaréis pasando el gran invento de los centros comerciales que es el día de los enamorados con vuestra pareja, ¿no? jajajaja

y sino, pues que mejor manera que pasar un buen rato con este muchísimo mejor invento que son los videojuegos, rememorando para la ocasión aquellas marabuntas callejeras de los gloriosos beat’em ups que tanto nos gustaban (y me gustan) de los años 90. Más os vale ir desempolvando los pads de la Snes y la Mega Drive, pues vamos a tener la “suerte” de caer en medio de dos ciudades en las que los malhechores son los dueños. Ya que la polícia, con el jefe Biggum a la cabeza jajajajajaja, es incapaz de limpiar la ciudad de la roña que la infecta, nosotros lo haremos a base de puños, saltos, patadas y acción desenfrenada. Insert coi…digoooo Push Start!! XD

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Final Fight. Streets of Rage. Esto, señores y señoritas, son palabras mayores. Sí, todos lo sabemos ya. Pero por si acaso, lo remarco por si hay por ahí algún despistadillo que no lo supiera…jejejeje a lo que vamos: uno aterrizaba en 1991 en Snes de la mano de la gran Capcom haciendo mucho ruido y agitando sobremanera el gallinero videojueguil doméstico tras su espectacular debut y grandiosa acogida en los salones recreativos allá por el año 1989. El otro, creación sublime de la imaginación de una Sega intratable con ganas de plantar cara a la poderosísima Nintendo, cayó también en 1991 para los circuitos de la Mega Drive y no tardó nada en hacerse un sitio de honor permanente en el campo de los “yo contra el barrio” en general, y de la Mega Drive en particular. Estábamos en los albores de lo que a la postre sería la batalla de consolas más encarnizada que se recuerda. Bendita batalla. El género de los beat’em up era uno de los que partía la pana en aquella época y ninguna de las dos compañías quería dejar a sus fieles seguidores (sí, antes que usuarios, en aquellos años éramos fieles seguidores de una u otra) sin un gran referente de las limpiezas callejeras a base de ostias de padre en sus catálogos. Veamos que dieron de sí aquellos dos exitosos titulazos en una época mítica en materia de videojuegos electrónicos o, como también se gustaba de decir en aquellos años, “dibujos animados interactivos”.

-¿Que dices? ¿Que van a sacar “el Final Fight” en la Snes? ¡Venga ya! Tu te estás quedando conmigo…

-Que no tío…espera…¿donde estaba?…¡Ah sí! Mira aquí, en la revista de este mes…¿lo ves?

-¡Ostias!…increíble…vaya que sí…¡el Final Fight en la Snes! ¡Y que gráficos! Es espectacular. Joder tío, esto ya es demasiado…

-Ya te digo, menudo bombazo…

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Para la gente que vivió aquellos años 90 y entre los que orgullosamente me incluyo, que uno de los juegos arcade más míticos, jugados y amados de los salones recreativos y un auténtico amasa-fortunas, con el prestigio del sello Capcom en sus genes y el nombre Final Fight brillando ferozmente con luz propia aterrizase en un sistema doméstico era, aunque pueda parecer exagerado, un hecho más que extraordinario. Aquello fue todo un puntazo. Y de los gordos. Un sonoro tanto que se marcó la casa Nintendo a su favor al poder ofrecer a sus fans la oportunidad de viciar en sus hogares al rey del momento en el género beat’em up.  Sega, la Sega que en aquellos años estaba en un estado de gracia sin igual y a la que seguro no le debió hacer mucha gracia aquello, se puso inmediatamente manos a la obra y se sacó de su por entonces inagotable chistera mágica todo un beat’em up que se convirtió rápidamente en uno de los estandartes de la Mega Drive: Streets of Rage. El duelo estaba servido. De pronto lo chavales de aquellos años, sin ser conscientes realmente de lo que les había tocado vivir, hallaron un candente tema por el que discutir, ya fuese en el patio de la escuela, a las puertas de los recreativos o en misa si hubiese hecho falta: ¿cual de los dos era mejor? ¿Final Fight o Streets of Rage? ¿Nintendo o Sega? Pasemos pues, con el puño levantado, a enfrentarlos cara a cara.

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Aunque gráficamente (sobretodo en las fotos de la revistas) el Final Fight contaba con un mayor colorido y unos personajes más grandes que los del Streets of Rage y entraba más rápidamente por los ojos, resultó ser que el Streets of Rage era un juego bastante más completo y satisfactorio que la “conversión” de Capcom para el cerebro de la bestia de Nintendo. ¿Porqué? Por varios motivos de bastante peso, claro. Uno de ellos, y a tener también muy en cuenta, es que el Final Fight era una conversión de un sistema superior a un sistema que, aunque moderno y puntero, era inferior. Además de este motivo, el Final Fight requería de bastantes megas de memoria, por lo que el cartucho de la Snes con los 8 megas de que disponía se quedaba muy corto. Sí, los gráficos lucían muy bien y presentaban un colorido muy bueno. Pero el juego estaba capado: faltaban elementos rompibles en los escenarios, como por ejemplo las cabinas de teléfono. Vale que la Snes fuera inferior técnicamente a la poderosa placa CPS1, pero que faltaran dichos elementos rompibles no presagiaba nada bueno…y así fue, pues otros aspectos negativos que presentaba el cartucho no tardaron en saberse, dejando a los usuarios de Snes con un mal sabor de boca:

  • para empezar, se había fulminado de un plumazo el modo de dos jugadores…¡El modo de dos jugadores! A ver, ¿como se les ocurrió semejante atrevimiento? En un juego en el que lo más mola es jugar con un amigo, aún no me cabe cómo decidieron suprimir uno de sus más grandes atractivos. ¿Que no había suficientes megas o capacidad? Pues no lo saques, y te evitas el rídiculo. ¿No? O mejor, amplía la memoria disponible. Sí, ya se que en esos años la tecnología era mucho más cara que ahora y no era tan fácil producir juegos, pero ya que te habías atrevido a conversionar aquel gigante de los salones arcade, haberlo hecho más dignamente. Porque no eran los únicos fallos, no. Había más…
  • siguiendo con el tema de la falta de megas, se decidió también suprimir tooooodo un nivel entero del juego original y, justamente, decidieron eliminar el nivel en donde el jefe final que nos esperaba era el que a la postre a sido uno de los personajes que Capcom ha utilizado mucho en otro grandísimo juego como la saga Street Fighter: Rolando. Esto fue otro de los grandes aspectos negativos que presentaba el cartucho, la eliminación de todo un nivel de juego. Hay más…
  • Pero no desapareció solo un nivel enterito del juego original, no. Uno de los tres luchadores que protagonizaban el juego, se ve que tenía que renovar la cartilla del paro o tenia visita con el médico, desapareció también del cartucho de la Snes: Guy, el karateka de kimono rojo, el más rápido y ágil de los tres héroes se había cogido unas vacaciones, se rumoreó que estaba cansado de repartir estopa en la versión arcade. Ay, que otro gran fallo que nos tuvimos que comer con patatas…
  • Por si fuera poco, el número de enemigos que salía en pantalla estaba limitado siempre, siempre, siempre a tres. La oleada de enemigos podía contar con 30 si hacía falta, pero en pantalla siempre había tres. Cuando liquidabas uno, inmediatamente aparecía su sustituto…y así, hasta acabar con la oleada. Esto, aunque no nos guste, hace que el juego sea más aburrido y repetitivo y no logre mantener esa chispa con la que se empieza el juego…otro error importante.
  • Y para finalizar, las ralentizaciones que presentaba el juego solían aparecer con demasiada asiduidad. La consola llevaba poco tiempo en el mercado y se notó que los programadores aún no dominaban su software, lo que repercutió en ralentizaciones que de todos es sabido, son muy molestas.

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¿Y que pasó con el Streets of Rage? Pues que Sega se aprovechó, y muy bien, del error cometido en Nintendo. Vale, en Nintendo se apuntaron un tanto al estar, más aún, en boca de todos al anunciar que el extraordinario Final Fight correría en los circuitos de su flamante consola de 16 bits, pero las prisas por sacar el cartucho derivaron en los errores antes mencionados y al final resultó ser más un hándicap que un acierto. El Streets of Rage no era ninguna conversión de ninguna máquina recreativa: era un juego hecho desde cero por y para la Mega Drive, perfectamente adaptado a las capacidades de la consola y optimizado para que el funcionamiento fuese, casi, como un reloj suizo. Esto, evidentemente, repercutió positivamente en el juego ya que, en donde el Final Fight fallaba, éste cumplía perfectamente su cometido:

  • gráficamente no era tan colorido ni los personajes eran tan grandes como en el Final Fight, pero es que aquellos escenarios más apagados concordaban perfectamente con la estética punk y macarra en la que se había basado el juego, logrando que el ambiente del juego estuviese más conseguido que en el Final Fight de Snes. Además, los escenarios estaban muy conseguidos y eran tan chulos como los de su rival. Los sprites de los personajes, aunque más pequeños y menos coloridos que los del Final Fight, tenían un gran encanto y sus animaciones eran más fluidas, haciendo que el juego luciese más en movimiento que el de su rival.
  • El juego presentaba tres personajes: Axel, Adam y la picante Blaze. Los tres ex-policías estaban dispuestos para repartir leña de la buena, bien sólos o bien acompañados de un amigo en el vibrante modo de dos jugadores que el Streets of Rage sí tenía (¡bien!). No contentos con ello, jugando a dobles los dos personajes podían interactuar entre ellos, permitiendo realizar golpes combinados que de otro modo no se podían realizar jugando solo lo que, unido a las diferentes habilidades individuales de cada luchador, completaban un muy buen apartado técnico. Además, se implementó un sistema de “magias” bastante original en el que se podía solicitar la ayuda de un coche policía, el cual disparaba un bazooka o con una metralleta de gran calibre…aquello fue muy original y muy llamativo en su época.
  • El juego constaba de 8 niveles por los 5 que contenía el Final Fight. Además de variados y de dificultad creciente, estaban bien diseñados y eran bastante diferentes entre sí: los barrios bajos, la playa, un puente, un barco con la ciudad de fondo, una factoría, un ascensor…no tenía el colorido ni los sprites tan grandes como el Final Fight, pero desde luego no deslucía en ningún momento, siempre bien implementado a las capacidades de la 16 bits de Sega.
  • No tenía la restricción de tres enemigos como máximo en pantalla, pudiendo juntarse entre 4 y 5 enemigos en pantalla más los personajes controlables, lo que hacía que te volvieses loco de furia aporreando botones y repartiendo leña a diestro y siniestro sin descanso…sí, todo un logro, pues las ralentizaciones eran mínimas y sólo en algunos momentos puntuales. Como he dicho, el juego estaba muy bien adaptado a la potencia de la Mega Drive, porque además éste si incluía bastantes más objetos destruibles en los escenarios: cabinas de teléfono, conos, vallas…

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En cuanto al sonido, el Final Fight sonaba con más calidad que el Streets of Rage, gracias sobretodo al mejor chip de sonoro de la Snes. Pero no por eso sólo era mejor, ya que las melodías y efectos de los gopes estaban muy bien conseguidos de la versión arcade y eran de lo mejor que guardaba la conversión nintendera (en algo tenía que destacar, al menos). En cambio, el Streets of Rage contaba con las fantásticas composiciones del genial Yuzo Koshiro, el cual realizó un trabajo excelente con las melodías que acompañaban la acción del juego. Para ello, se basó en la música que sonaba en la época en los clubs nocturnos y en las discotecas. Lo hizo tan bien, que ni en el Streets of Rage 2 ni en el 3 se alcanzó la calidad que se logró en la primera entrega. En este aspecto, tanto uno como el otro cumplían más que sobradamente. Eso, el tema de la intro del Streets of Rage es, personalmente, uno de los mejores temas que se han compuesto para juego alguno de la Mega Drive: misterioso, épico, casi como un lamento que refleja el estado en que se encuentra la ciudad…sencillamente genial. Es una intro que se ha vuelto mítica. Y todo gracias a la música con que te deleita los oídos.

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Entonces, ¿era un mal juego el Final Fight? Hombre, la verdad es que no era un mal juego, es cierto. Lucía muy bien gráficamente y tal y se dejaba jugar, pero el problema venía cuando se comparaba con la versión arcade: todos hemos jugado alguna vez al Final Fight corriendo en la placa CPS1. Ésta versión sí que es una gozada y una verdadera bestia, y claro, no pueden evitarse las comparaciones entre la versión arcade y la conversión de la Snes, de la que ésta última sale bastante escaldada. En su día no se dio tanta importancia ni tuvo tanta repercusión como ha tenido después, pues ya era más que suficiente el poder tener la oportunidad de jugar al Final Fight en tu propia casa en aquella época. Pero claro, si después de jugar al Final Fight te das una viciada al Streets of Rage, inmediatamente te percatas de que el beat’em up de la Mega Drive es más completo, está mejor realizado y, lo que és más importante, que te divierte mucho más que el Final Fight. Es un juego más redondo. En este caso en concreto, es donde uno puede mejor darse cuenta de lo que significa realizar una conversión de un juego de un sistema superior a un sistema menos potente, a realizar un juego desde cero perfectamente adaptado a las características y potencia de un sistema en concreto. Nintendo pegó la campanada al anunciar que el Final Fight correría en los circuitos de su SuperNintendo, pero el tanto realmente se lo apuntó Sega, demostrando de lo que era capaz y declarando la guerra abierta a Nintendo con un grandioso y mítico título que asestó un golpe de autoridad sobre la mesa. Éste fue uno de los grandes enfrentamientos que abrió la feroz lucha entre las dos compañías por la hegemonía del mercado del videojuego. Y Nintendo tomó buena nota de ello…

Venga compañeros y compañeras, a disfrutar de los videojuegos. Un saludazo.

video del Final Fight de Snes:

Video del Streets of Rage de la Mega Drive

 

Toni Benavent

RetroGamer empedernit hahahaha. Fa falta dir alguna cosa més?

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Comments

  1. Si, es correcte. Però el SoR era la resposta original al Final Fight, ja que van sortir al mercat el mateix 1991. Per eixe motiu vaig escollir el 1, que no pas el 2. No obstant això i tindre uns gràfics menys llamatius i colorits, el SoR original era, i es, un joc més complet i entretingut que el Final Fight de Snes.

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