¿Por qué soy un Retro-Gamer?

¿Qué tal amigos? De nuevo nos encontramos en el blog tras unos cuantos meses de silencio. Claro, es que han sido muchos días desde el reportaje dedicado exclusivamente a la Súper 16 Bits de Nintendo y, así como sé que estáis esperando con ansias el artículo dedicado especialmente a la verdadera bestia indomable de los 90 y obra magna de SNK, Neo Geo, en los pequeños ratos libres que he tenido este verano he ido confeccionando esta humilde reflexión que creo que puede ser interesante:

¿Por qué me gusta jugar a juegos de sistemas de otra época?

¿Por qué soy un Retro-Gamer, si los juegos actuales son técnicamente muchísimo más avanzados y ofrecen experiencias más cercanas a la realidad?

Antes, la chicas acudían así a los recreativos… XD

Sí, me gusta lo vintage. ¿A ti no?

A ver, lo primero que tengo que decir es que, aunque me guste jugar a videojuegos de sistemas actualmente obsoletos y que cuentan con muchos años a sus espaldas, lo cual no quiere decir que no mantengan bien alto el nivel de diversión o entretenimiento (ahí radica también gran parte de su grandeza), también me gusta jugar a juegos actuales. Claro, ¿o que te creías? XD A mí también me gusta experimentar las nuevas propuestas jugables; lo malo es que en muchos casos, por realistas que puedan llegar a ser, están muy lejos de ofrecer una satisfacción total al jugador, y no me refiero exclusivamente al ámbito de la experiencia de juego virtual en sí, sino al global de todo lo que envuelve a los videojuegos actuales. Porque, aunque los juegos de hoy en día ofrecen entornos muy bien recreados en unos refinados y fluidos paisajes en tres dimensiones, cantidad de movimientos, de posibilidades, de cosas que hacer, de competiciones en las que participar, de lugares donde perderse y asombrarse explorando, de entablar conversaciones o relaciones con otros personajes…

 

 

… no es lo mismo. Flipantes gráficos que evocan en nosotros una gran sensación de asombro que nos incita a jugar casi compulsivamente, ¿verdad? Pero no nos engañemos: por mucho que todos estos videojuegos y sus nuevas mecánicas, opciones, extensiones y posibilidades se hayan implementado con éxito, coincidiremos en que hoy en día no queda ni el más mínimo rastro de aquella inigualable y mágica esencia que envolvía a los videojuegos y que tan locos nos volvía en aquellos años al ver uno en movimiento (incluso la simple visualización en las revistas especializadas de la época ya era suficiente para hacernos babear), cuyo intrigante y muchas veces misterioso camino por el que siempre habían caminado se ha esfumado de la vista. ¿Por qué? Pues muy fácil. Por una serie de motivos que ya enumeramos en el anterior reportaje publicado en el blog hace varios meses y que podéis leer aquí. Y de todos aquellos motivos, quiero indagar especialmente y prestar más atención a éste gran condicionante que suele pasar muchas veces desapercibido: la desinformación existente en aquellos años sobre algo minoritario, que no sorprendente, como los videojuegos, pues era la tónica general.

Sí, la desinformación, pues era precisamente aquella falta de noticias y más datos la que nos hacía soñar e imaginar a marchas forzadas cómo sería tener aquellos juegos tras la visualización de unas pocas imágenes estáticas impresas en papel. En aquellos años la palabra internet ni existía para la gran mayoría de gente, por lo que no podíamos navegar por la red para indagar, y mucho menos usar un Youtube en el que visualizar videos, por lo que aquella preciada información sobre videojuegos que ansiábamos como locos pero que NO teníamos porque NO podíamos conseguir (no había más medios que las solicitadas revistas y para de contar), contribuyó de manera sorprendente a aumentar aún más el enorme y desmesurado grado de expectación y de asombro por nuestra parte (hype lo llaman ahora) ante los videojuegos de aquella época, sin más remedio que tener que tirar de la maravillosa, poderosa y muchas veces descabellada imaginación ante el vacío de información y la imposibilidad de ver en movimiento (cómo verlos sin Youtube) aquellos videojuegos que aún no llegaban, que directamente no llegarían a nuestro territorio o bien, porque eran de recreativa y nadie, nadie, nadie iba a tener algo semejante en casa para disfrutarlos a conciencia. Así era en aquella época. Por lo mejor era (no siempre, claro está, pero en mayor medida que hoy en día), cuando ya por fin tenías entre las manos ese ansiado cartucho que tanto habías esperado y que tantas veces habías jugado cogido con tus manos en tu inabarcable imaginación, pues la realidad solía superar la imaginación de nuestras jóvenes mentes. Además, no podías sino alegrarte más aún cuando veías los pequeños extras o entrañables accesorios que genialmente acompañaban a ese cartucho y que tan especiales sentimientos nos hacían despertar. Igualito, igualito que hoy en día, vamos.

 

Ejemplo: llegas a casa y enciendes tu One, PS4, Switch o PC. Coges el juego que te acabas de comprar (como buen representante de la vieja escuela, prefieres lo físico a lo virtual, como es normal). Tomas la caja con la ilusión y expectación que siempre has experimentado tras la compra de un nuevo videojuego (eso puede deberse a que antes prácticamente tenían qué alinearse los planetas para poder tener un nuevo cartucho para tu consola), observando y disfrutando de las ilustraciones que brillan en portada y en la parte trasera, notando su poco prometedor y escaso peso en la mano, dejándote embargar por el olor que desprende a “nuevo” e inspeccionándolo casi con delectación, ansioso por ver el especial contenido que guarda en su interior. Con cuidado, abres la caja del juego y…

La primera gran desilusión, en tus propias narices desde antes de poner ya el videojuego en la consola: su interior, el primer lugar real en donde se debería ver reflejada la verdadera gracia y el auténtico MIMO de los que hacen y distribuyen un videojuego, está prácticamente desolado. Ni mi dura cabezota está tan vacía como el interior de esa caja: ni láminas a todo color, ni una vistosa cuartilla de bienvenida y agradecimiento por haber confiado en ellos, ni rastro del libro de instrucciones… por no haber, no hay ni folletos promocionales de otros videojuegos o productos. ¡Qué triste y anodina experiencia! La caja, a excepción del DVD, está completamente vacía. ¡Vacía! Cierras la caja y la vuelves a abrir inconscientemente; a ver si a la segunda… Iluso, demasiado bien lo sabes. Aun así, vuelves a mirar su interior. Sí, no hay duda alguna: está tristemente vacía, transmitiéndote un frío sentimiento de dejadez y pérdida. Y entonces te preguntas:

– ¿A qué punto de desinterés por los usuarios hemos llegado?

– ¿Acaso los videojuegos han perdido toda esa magia que siempre habían desprendido y que los hacía tan diferentes y especiales a todo lo demás y ya no les prestan el mismo mimo y atención?

– ¿Acaso no estamos comprando un videojuego como lo comprábamos y lo pagábamos en épocas anteriores?

– ¿Por qué ese descuido y dejadez de cara a los usuarios por parte de las compañías de videojuegos?

– ¿De veras piensan que esto es la manera correcta de presentarnos un producto que siempre había gozado de un estatus y escalafón diferentes a todo cuanto conocíamos?

Que preguntas más inquietantes, ¿verdad? Antes, todos los videojuegos venían con sus instrucciones, con aquellos libritos tan especiales, en muchísimos casos a todo color, con sus textos, imágenes y grafías únicas, introduciéndote en la historia del juego, revelándote preciosa información relacionada con el mismo, datos biográficos de los personajes principales, de los enemigos, movimientos, etc… Eran casi como una mini-guía exclusiva que no salían en las revistas ni en ningún otros sitio y que sólo los afortunados poseedores del videojuego podían tener entre sus manos. ¡Incluso a veces incluían pequeños detalles a modo de regalos! Sí, sí, regalos. Quedaos con la palabra: REGALOS. Y en este aspecto, Nintendo era la reina indiscutible: bien podían incluir brillantes láminas a todo color como se regalaron en el tan ansiosamente deseado DBZ SuperButouden, un póster de tamaño DIN A4 como en el  irrepetible The Legend of Zelda “A Link to the Past” entre otros juegos de la misma SNes o de otras plataformas, algún juguetito o chorradita como en el Killer Instinct de la Game Boy, que venía con un colgante que era una chapa como la de los marines pero con el título del juego grabado en la misma, cositas tan simples pero adorables y únicas como un pin o algunas pegatinas exclusivas, un libro aparte del de las instrucciones dedicado exclusivamente a la historia en sí del juego e incluso una guía en toda regla para no perder ni un detalle del videojuego como en algún rpg exclusivo de la Súper Nintendo, llegando incluso a regalar un cd con la BSO original del juego (de nuevo Rare y su Killer Instinct para la Súper Nintendo). Seguro habéis notado que me he centrado más en los 16 Bits, pero no hay que irse tan lejos para hallar este tipo de cosas: también en PSX, Saturn, PS2, Xbox, Game Cube, N64 o Game Boy Advance también sobrevivía aún este tipo de práctica tan adorable. Qué épocas tan diferentes y tan… únicas.

 

 

Eso, amigos míos, eran DETALLES. Eran OBSEQUIOS. Aquello era GUSTO por hacer las cosas bien hechas, ¡joder! Demostrando con ello que sí se podían hacer realmente bien y que, si querían, nos podían mimar mucho dando ese toque especial y único que completaba la experiencia de la compra de un videojuego, reafirmando también con ello la idea o la imagen de que la adquisición de un videojuego siempre era algo diferente y especial a todo lo demás. Por tanto, aquel contenido exclusivo y especial que acompañara a ese videojuego, aquel material extra que recibíamos con gran ilusión y con las manos abiertas, tenía la misión de sumar enteros y completar así una gran experiencia final… que ahora, como ya hemos dichos, se ha perdido.

   ¿No recordáis lo que experimentábamos ante la visión

de un videojuego en las décadas de los 80 y 90?

Sí, ya sé lo que estáis pensando: ya está de nuevo por aquí el abuelo porreta con sus historietas de la era cuaternaria… Pues sí, aquí sigo dando la brasa a jugones como vosotros que con tanto gusto lo leéis, bribones XD. Pero creo que no está de más recordar que los videojuegos, para el que no lo sepa, llevaban pegado a ellos una poderosísima y diferenciadora característica que siempre los hizo destacar sobre todas las cosas que uno pudiese encontrar en un bar, en los salones recreativos, en tu propia casa, en casa de un amigo o conocido, en unos grandes almacenes o en la tienda o videoclub de la esquina: la extraordinaria capacidad de asombrar y fascinar a niveles hasta entonces inauditos, dejando hondamente enterrada en la mente de quien lo veía una poderosa semilla de deseo, admiración y estupefacción que crecía con una fulgurante rapidez que ya quisiera Fernando Alonso para su McLaren (que vistas las prestaciones del coche, bien podría llamarse McLaren-Pegaso, sin menospreciar a la marca Pegaso). Las sensaciones que se vivían con este particular entretenimiento eran de lo más impactantes, tanto si tenías pocos años como si ya era más mayor: era el BOOM tecnológico del entretenimiento virtual. Ver aquellos coloridos gráficos en movimiento en una pantalla y, por si fuera poco, respondiendo a nuestras órdenes a través del joystick o del pad, nos dejaron tan abrumadoramente asombrados, que llegamos a adorarlos de manera casi enfermiza, convirtiéndose de hecho en uno de los principales pilares alrededor de los cuales se enroscaría nuestra vida: vivíamos los videojuegos. Ninguno de los juguetes o juegos convencionales de toda la vida podían rivalizar con la experiencia que podía ofrecer un videojuego. Simplemente NO tenían rival. No era raro pasar por unos recreativos, por la zona de videojuegos de un centro comercial o en la casa de algún afortunado poseedor de una consola de sobremesa y ver cómo, atónitos como si los Men in Black hubiesen pegado un flashazo de sus molones bolis plateados, un grupo de niños miraban con la boca abierta y la vista fija en la tele un videojuego en movimiento, como si no existiese otra cosa en el mundo. Sensaciones fascinantes y terriblemente adorables. Fue algo auténticamente febril que desató pasiones y que nada de lo que habíamos visto, jugado en el patio de la escuela o tenido en nuestras manos podía igualar: era algo que tenía movimiento y vida propia, capaz de hacerte viajar por coloridos y apasionantes reinos desconocidos, por salvajes paisajes repletos de seres increíbles, de hacerte vibrar con las más inverosímiles batallas entre guerreros extraordinarios llegados desde los confines más remotos, de mantener piques míticos contra habilidosos pilotos a través de circuitos ubicados en todo el mundo… O sea, toda una experiencia sin igual. Y si a ello le sumamos que la presentación física de aquella experiencia inimitable de un videojuego, el ENVOLTORIO con el que te lo presentaban y con el que lo recibías con los brazos abiertos, venía con DETALLES y gestos de buen gusto y mimo, llegamos a la conclusión de que la experiencia era realmente algo INSUPERABLE.

Hoy en día, todas esas sensaciones míticas, toda esa “gracia e ilusión” se ha perdido. Podríamos decir que ha degenerado. Para obtener detalles, para poder obtener “algo más” que acompañe y complemente a un solo y triste DVD, tienes que ir casi obligatoriamente a por las infames (opinión personal) “Ediciones Limitadas” o “Ediciones de Coleccionista”, por cierto, a precios excesivos para los tiempos que corren hoy en día.  Además, en muchos casos, los objetos que incluyen estas ediciones no son necesarios o son excesivos para lo que realmente estás comprando, un videojuego. Toma nota: un coche de control remoto que no vas a usar en tu vida, una figura de dudosa calidad de treinta o cuarenta centímetros, un tablero para un ¿juego de mesa?, un casco a escala, un trofeo de gran premio que no sabes ni donde colocar… Señores, ¡esto no es lo que era! Todas estas cosas, aunque estén relacionadas directamente con el videojuego en sí, son añadidos que encarecen sobremanera el precio final. Son extras que tienes que pagar. Si quiero una puñetera figura de un personaje o un innecesario coche a radio control, pues voy y me lo compro por mi cuenta (que además es muy probable que sea bastante mejor que lo que se incluye en la edición limitada). Esos objetos, tengámoslo claro, NO son detalles. NO son regalos ni muestras o gestos de buen gusto. ¡Lo estás pagando! Un detalle se incluye porque quieres, porque tu intención es agradecer al jugador su confianza, porque tienes gusto por hacer las cosas y por demostrar que tienes interés en lo que haces y que para ti es tan especial como para el que lo compra. Eso definitivamente se ha perdido. YA NO EXISTE. Lo que se incluye en las ediciones limitadas son, bajo mi punto de vista, productos innecesarios que encarecen sobremanera el precio final y que te hacen desistir de la idea de poder adquirir ese videojuego que te gusta con algo más  que no sea únicamente virtual, con ese algo físico que lo puedas tocar con las manos. Y recordad, que todos estos detalles, estas cositas, regalitos y libritos que se incluían antes en las cajas de muchos juegos, venían sin ningún sobrecoste. De ahí el nombre de detalles (y que suponía un sobrecoste a las empresas que ya no tienen la mentalidad de agradar y agradecer a los usuarios por confiar en sus videojuegos). Siempre quedarán nuestros recuerdos…

 

Y para ir terminando esta pequeña crítica (porque personalmente estoy un poco hasta los huevetes de la actual industria del ocio virtual y no me quiero alargar demasiado), otro tema que también tiene mucha miga: los DLC’s. O como yo los llamo, De La Casa. De La Casa que nos está tomando el pelo, claro. Esto es, para mí y para muchos, el colmo de los colmos de la cara dura y uno de los principales motivos por los que hoy en día menos atención doy a los videojuegos actuales. Anda ya, señores productores de videojuegos. ¡Anda ya! Si es que manda cojones que incluso desde el mismo momento en que anuncian el lanzamiento del videojuego, te están anunciando también el lanzamiento de asquerosos e inútiles DLC’s (de pago, por supuesto, por si había alguien que lo dudaba o no lo sabía), ¿pases de temporada?, suscripciones VIP y demás jerga con la que nos “ofrecen” jugosas novedades a todos aquellos que los adquieran: ampliar la premeditadamente escuálida plantilla de personajes o el garaje de vehículos con otros coches realmente atractivos y que no han incluido para que pagues por ellos, o un trocito más de mapa por donde vas a moverte, o más (que no mejores) misiones extra con las que ampliar “la experiencia de juego”… la experiencia de juego os la daría yo, patanes insensibles, que tenéis menos vergüenza que los tertulianos del Chiringuito, los farsantes de los Sálvame (que encima tienen la desfachatez de añadirle un sonoro Deluxe al final, ¡toma ya!), o los payasos (y pido perdón a los payasos) de Tontos, tontas y viceversa y demás programas basura de la excelsa programación televisiva de hoy en día.

Disculpad que sea tan agresivo, pero es que no lo puedo evitar. Me exaspera el camino “tan comercial” que ha adoptado el mercado del videojuego. Han hecho (sí, las empresas) que toda aquella experiencia única y especial al comprar un videojuego se haya convertido en un simple y anodino algo más. A ver, que tengo claro que las compañías producen juegos para obtener ganancias, pero una cosa es eso, y otra cosa muy diferente es que nos tomen por imbéciles. La cosa cambia. Cambia pero mucho. Porque un DLC bien implementado, es un verdadero acierto. Es decir, si supone una ampliación verdadera del juego, que aumente un puñado de horas la vida del juego, bienvenido sea. Pero eso significa que lo que aporte el DLC ha de ser contenido largo y que realmente suponga una ampliación importante del juego, que sea externa realmente al juego original, una expansión. Ahora bien, si son DLC’s mierda con los que se desbloquea contenido que está oculto en el juego y que lo puedes obtener pasándote el juego, o para obtener ciertos ítems y tonterías similares (generalmente orientadas al online) que realmente no suponen ningún cambio al juego en sí, o que simplemente son para ir incrementando el contenido del juego pero sin ampliar realmente el juego (los DLC’s de coches nuevos en el Forza, por ejemplo, o nuevos personajes a un juego de lucha que no afectan a nada y podrían estar desde el principio, como en el Street Fighter V por decir uno, que hay otros que aún no han salido y ya sabemos que tendrán personajes extra descargables vía DLC, como el prometedor Dragon Ball Z Fighter o como se llame), o si te están vendiendo un juegos a capítulos, bien troceado para sacar más jugo, entonces sí es una tomadura de pelo. Pero una tomadura de las buenas. Más aún cuando al cabo de un año o dos, cuando el juego ya esté “pasado de moda”, te saquen la graciosa edición Juego del Año con todo el contenido desbloqueado y a tu disposición sin tener que pagar por todo ese contenido que sí se ha tenido que pagar en su momento y que aprovecha la gente que no compró el juego en su lanzamiento o durante el año en curso. ¡VAYA NEGOCIO QUE SE HAN MONTADO! Te venden el juego en partes más pequeñas para que al final hayas pagado el doble o más de lo que te costó el juego en tienda, y luego venden aún más a la gente que no lo compró en su momento y aprovecha para adquirirlo en la versión Juego del Año… y lo peor de todo ello es que realmente no has tenido una expansión verdadera. Pero la verdadera culpa de todo, cómo no, ES DE LOS JUGADORES QUE LOS COMPRAN. Porque es así, los compran. La prueba está en que la cosa, en vez de disminuir, parece que vaya en alza y tiempo hace (y estamos a finales de 2017) que esta modalidad está fuertemente asentada ya en el negocio. Lástima me dan lo nuevos jugadores de hoy en día que no conocen otra cosa, porque, sinceramente, se ha perdido el Norte. Esto ya no es lo que era. Al menos nos quedan los recuerdos de aquellos años en que los videojuegos SÍ eran esa parte mágica y especial que tanto sentido nos dio en nuestra juventud y que tanto nos hizo disfrutar y soñar. Por eso soy, como lo llaman hoy en día, un Retro-Gamer.

 

 

 

 

 

RetroGamer empedernit hahahaha. Fa falta dir alguna cosa més?

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.